Aznar era un candidato sin carisma. Un tipo serio rodeado de gente seria. Y el PP un partido antipático. Sin embargo, en el año 1996, con un paro superior al 20%, una Seguridad Social prácticamente en quiebra, y con asuntos de corrupción y despilfarro al orden del día, el pueblo español se dio cuenta de que estaba siendo gobernado por una banda. Y decidió cambiar. Y decidió apostar por gente seria, porque estaban en juego cosas serias.
Sin embargo, el pueblo español olvida rápido. Y una vez arreglada la situación, se acomodó en el estado de bienestar, y pasó de que nadie les complicara la vida con problemas. Por eso, calaron los mensajes de un ZP simpático y feliz, que prometía un mundo mejor. Calaron en el 2004 (engaño del 11-M aparte), y han vuelto a calar en el 2008.
Pero he aquí que la situación ha vuelto a cambiar. Que todos conocemos a 4 o 5 personas que han perdido su trabajo y, como por arte de magia, acabamos de darnos cuenta de que estamos gobernados por una cuadrilla de inútiles.
Es el momento de buscar a alguien serio pero, a diferencia de lo que ocurrió en el 96, ¿qué tenemos enfrente? Tenemos al PP de la política chupi. Al PP que no se entera o no se quiere enterar y por eso hace la oposición que desde el PSOE le dicen que tiene que hacer.
Basagoiti hablaba el otro día de la política “POP” y de un “PNV” aburrido en una comunidad donde si te pasas te vuelan la tapa de los sesos. Hoy Moragas, el diplomático con mochila, se descarga diciendo que “El nuevo PP tenía que incorporar la sonrisa, la música y una energía positiva”.
¿En quién confío yo ahora?