Precisamente un día después de escribir esta anotación, publica Libertad Digital que, según un estudio del CIS, el 56% de los españoles no trabaja.
Esta estadística incluye parados, jubilados, pensionistas, amas de casa, estudiantes y otros. Si se incluyeran además los colectivos de los que hablo en el POST, rondaríamos quizá un 60% de la población. Es decir, el 40% de la población mantiene al otro 60%. Esta dependencia es justa en muchos casos, pero no deja de ser peligrosa y habría que hacerla descender.
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Después de las elecciones europeas, me comentaba un amigo que él no había votado porque los políticos se habían dedicado a ponerse verdes unos a otros y habían hecho una campaña patética. Yo le contesté que eso lo habían hecho porque es lo que quiere la gente, y él me comentaba que no, que la gente no es tonta y puede entender llegar a entender las cosas.
Los resultados de las elecciones generales de 2008 muestran otra vez que, en este país, a la gente se le moviliza de dos maneras: encabronándoles o comprándoles.
Durante la legislatura anterior, el Partido Popular denunció las desigualdades entre los españoles (que ahora han ido a más), la mala política económica (cuyas consecuencias se están viendo ahora), la inútil e inmoral negociación con ETA (que se rompió con unos atentados), la nefasta política exterior, etc. Los argumentos eran críticos, y podían no ser constructivos, o incluso erróneos, pero eran razonables. Frente a eso, el PSOE habló de crispación, de “derecha más extrema”, de fachas, de obispos, agitadores… y ganó las elecciones. Por otra parte, esa victoria se fraguó principalmente en las dos comunidades a las que más dinero se les ha dado y se les da: Andalucía, donde la gente no trabaja en muchos casos porque prefiere cobrar el PER, y Cataluña, donde además de la independencia por partes, se les está dando dinero que se quita a otras comunidades como, por ejemplo, Madrid.
En general, uno de los principales que tiene España son sus gentes. Lejos de ejercer un control sobre la clase política y exigir un gobierno responsable, somos altamente manipulables y, por tanto, culpables en parte de que los que mandan no lo hagan bien.
Pero además, al margen del fanatismo partidista que nos impide discernir qué es lo mejor para nosotros, existen otros problemas muy graves que nos impiden avanzar. El principal, es que hay mucha gente disfrutando de un nivel de vida medio-alto sin dar un palo al agua, es decir, sin producir. Y no me refiero a políticos solamente, me refiero a muchos funcionarios cuyos puestos han sido creados para callar a los sindicatos, enchufados en ayuntamientos u otros organismos oficiales, empresas que viven de los trapicheos con la administración, liberados sindicales, etc. La idea que transmite nuestra sociedad es, se mire por donde se mire, que se puede vivir muy bien sin hacer nada, y que más que esforzarse en salir adelante, hay que saber donde arrimarse o para qué opositar.
Esto debe cambiar, porque si no estamos a condenados a hundirnos en la miseria. El problema es que la gente joven, más allá de estar intoxicada con este ambiente, arrastra también el haber crecido toda su vida en él. El número de jóvenes, que ni estudian, ni trabajan, ni buscan, es alarmante. Da igual la clase social. Alta o baja. Un porcentaje altísimo de los de clase alta se dedican a no hacer nada, salvo salir de fiesta e incluso drogarse. Los de clases medias y bajas se dedican a lo mismo, cuando no a delinquir. Y repito, no estoy hablando de un porcentaje residual.
Por tanto, si queremos revertir la situación, tenemos que hacerlo nosotros, lo que empieza por asumir nuestras responsabilidades, una de las cuales es obligar a los que mandan a cumplir con las suyas, que son trabajar, preparar a los jóvenes para trabajar, y hacer trabajar a los que viven de los impuestos de los demás. Ahora o nunca.